Consejos de escritura: Poner nombre a tus personajes I

Ya sea para un personaje, una ciudad, un mundo o un río, el momento de ponerse a elegir un nombre supone siempre una tarea aparte, un parón en el proceso creativo o en el mismo tiempo de escritura.

Si tú eres de los míos, no desesperes. Hay algunos trucos que, bien utilizados, nos van a simplificar mucho la tarea. Antes de nada, vamos a analizar qué nombres son más o menos apropiados en función de lo que estemos escribiendo. En primer lugar, tenemos que ver qué ambientación estamos utilizando. No es lo mismo escribir un relato realista que bien podría estar ocurriendo en la calle de al lado de tu casa, que una novela de fantasía épica. Sería un poco raro escuchar a tu vecina llamando a gritos a su hijo «Gandalf» desde la ventana para que suba a comer, aunque pensándolo bien, con la generación de padres frikis que tenemos ahora, puede que no fuese tan descabellado.
Comencemos por este supuesto. Queremos elegir el nombre para un personaje del mundo real. ¿Cómo empezamos? Lo primero, sitúa el contexto en el que estás escribiendo: de dónde es el personaje, en qué época está ambientada el relato, algún dato relevante sobre él… todas estas cosas. Si por ejemplo, el personaje es español, busca un nombre español (no lo llames Harry Stevenson o Gilbert Adams), si su padre era alemán, que tenga un apellido alemán; son pequeños detalles que nos ayudarán a mantener la coherencia, y esto nos lleva al primer truco.

Primer truco: Consultar una base de datos de nombres

Creo que es lógico, y lo que sin duda la mayoría de vosotros ya habréis hecho. Guías telefónicas, censos o páginas para elegir el nombre de un bebé. Estas últimas suelen ser las más útiles, ya que muchas te permiten realizar búsquedas con criterios (por ejemplo, nombres celtas, latinos, castellanos…). Pero mucho ojo con esto: estamos buscando que nuestro personaje tenga un nombre llamativo y fácil de recordar y que al mismo tiempo resulte natural. Los nombres exóticos están bien, pero dentro de un límite.

Segundo truco: Nombre corriente, apellido llamativo

En este caso tenemos algo más de libertad en cuanto al exotismo. Llamar a nuestro personaje, por ejemplo, Pablo López, puede funcionar más o menos según qué relato, pero no lo aconsejaría para el protagonista de una novela. Queremos que su nombre se quede en la memoria del lector y que le dé personalidad. Si queremos que el personaje en cuestión tenga un nombre común, podemos jugar un poco con el apellido. Si lo llamamos Pablo Montesinos o Pablo Belmonte le estamos dando fuerza sin quitarle cotidianidad y va a hacer que resulte más interesante.

Tercer truco: ¡Ojo avizor!

Como suele ocurrir casi siempre, la mejor fuente de recursos es la propia realidad. A lo largo de la semana ves la tele, lees libros, conoces gente nueva, escuchas la radio… y muchas de esas veces seguro que escuchas nombres llamativos y originales. Apúntalos, puede que algún día te sean útiles. Esto también es aplicable a los viajes y los nombres de lugares. Por ejemplo, en uno de mis relatos utilicé el nombre de «Samburiel» para un pueblo ficticio. El nombre lo saqué del río que recorre la cuenca alta del Manzanares, zona donde estaba ambientada la historia. Aquí no hay límites, mantén los ojos abiertos y apunta todo nombre que te resulte interesante.

Cuarto truco: Personajes sin nombre

Aunque choque un poco, no es ninguna tontería. Normalmente nos empeñamos en ponerle nombre a todos y cada uno de los personajes que aparecen en nuestro relato, y muchas veces no es necesario. Me estoy refiriendo, sobre todo, a los personajes más secundarios, esos que solo aparecen una vez y se olvidan, o incluso a los que son recurrentes pero no juegan un papel importante en la trama. A estos se les puede llamar por algo que los defina: el panadero, la camarera, el maquinista del tren, la empresaria, el tipo del periódico, la chica de los patines… Si no vas a contar su vida y no son importantes para la narración, no les pongas nombre.

En el próximo post veremos cómo crear nombres inventados, más habituales en las novelas de fantasía y ciencia ficción, aunque también se podría aplicar al resto de géneros, eso ya depende de lo que andéis buscando.

¿Conocéis algún otro truco para elegir un buen nombre?

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